Las cinco partidas donde se rompen los presupuestos
No se rompen donde uno mira. Mano de obra, subcontratos, movimiento de suelos, equipos y costo financiero: dónde se pierde el margen y cómo anticiparlo.
Los presupuestos no se rompen donde uno mira
Después de varias semanas midiendo precios, volúmenes y proyectos, aparece un patrón que vale la pena poner junto: los presupuestos casi nunca se rompen en la partida que uno estaba vigilando.
Se rompen en cinco lugares, siempre los mismos. Ninguno es una sorpresa técnica; todos son previsibles. Lo que los vuelve peligrosos es que cuatro de los cinco no se ven en la planilla de cómputo y presupuesto: aparecen en la ejecución, cuando ya no hay margen de decisión.
Este es el repaso, con los números que fuimos midiendo.
1. La mano de obra, porque no sigue a la inflación
Es la partida más grande junto con los materiales y la que peor se proyecta, porque casi todos la indexan como si siguiera a la inflación, y no la sigue: sigue al calendario de paritaria.
Los números del año lo muestran sin ambigüedad: la mano de obra acumula +23,9% contra +13,3% de materiales — diez puntos y medio de brecha, y creciendo en las tres mediciones consecutivas que llevamos. Deflactada por inflación, la mano de obra subió 3,9% real mientras el material bajó 5,0% real.
Cómo se anticipa: proyectar la mano de obra con el cronograma de acuerdos salariales, no con una tasa mensual pareja. Y revisar la ponderación del presupuesto: si su obra es intensiva en jornales, el índice general de la construcción le queda corto.
2. Los subcontratos, porque saltan con rezago
Dentro de la mano de obra hay una apertura que se comporta distinto y que descoloca a cualquiera que las trate como una sola variable.
En junio, los subcontratos de mano de obra —yesería, pintura, instalaciones— subieron 5,1% en un mes, contra 3,0% del componente asalariado. En julio se invirtió: subcontratos 1,8% y asalariados 2,6%.
La explicación es de oficio: el acuerdo salarial impacta primero en el jornal y con algunas semanas de retraso en el precio de la cuadrilla contratada. El subcontratista no ajusta el día que sale la resolución: ajusta cuando cotiza el trabajo siguiente.
Cómo se anticipa: modelar asalariados y subcontratos por separado, y prestar atención especial si la obra entra en etapa de terminaciones —que es la más intensiva en subcontratos— justo después de una paritaria. Ahí el rezago le llega completo.
3. El movimiento de suelos, porque es lo único que no se sabe
Es la partida más chica de las cinco —1,6% del costo de una obra tipo, según la estructura oficial— y la que más presupuestos ha roto en la historia de la construcción. La razón es simple: es la única partida cuyo alcance real no se conoce hasta que se excava.
Todo lo demás se puede computar de los planos. El suelo no: se estudia con sondeos puntuales y se interpola. Y entre sondeo y sondeo puede haber napa, relleno, roca, un ducto no relevado o un suelo con capacidad portante distinta a la supuesta.
El caso más caro que analizamos este año lo muestra bien: en las represas de Santa Cruz, las condiciones geológicas encontradas obligaron a una reingeniería con reducción de capacidad instalada — más dólares por menos potencia.
Cómo se anticipa: estudio geotécnico proporcional al riesgo, no al presupuesto de estudios; contingencia explícita para movimiento de suelos, separada de la contingencia general; y cláusula clara de condiciones de sitio en el contrato, que defina quién asume qué cuando aparece lo que no estaba.
4. Los equipos y gastos generales, porque nadie los mira
Gastos generales pesa 8,4% de la canasta oficial. Es poco, y por eso se controla poco. Pero en julio los alquileres de equipos tuvieron el mes más caliente del informe: camión volcador y pala cargadora +5,0%, camioneta +4,9%, andamios +3,4% — todos muy por encima del nivel general de 2,1%.
El punto no es el 8,4% promedio: es que ese promedio no describe a ninguna obra en particular. Una obra con alta incidencia de excavación, transporte interno o andamiaje —naves industriales, plateas, obra vial, fachadas— tiene una exposición a este capítulo muy superior a la de la canasta tipo.
Cómo se anticipa: calcular la incidencia real de equipos en la obra propia en lugar de tomar el porcentaje de tabla, y decidir con números la vieja discusión de alquilar contra comprar, que cambia de respuesta según la duración del frente.
5. El costo financiero, porque no está en el cómputo
La quinta partida no aparece en ninguna planilla de cómputo y es, en obras grandes, la que más plata mueve.
Lo vimos con claridad en el VMOS: un préstamo sindicado de USD 2.000 millones dentro de un proyecto de USD 3.000 millones. Un punto de tasa sobre ese monto son decenas de millones de dólares por año — más que el presupuesto completo de varios rubros de obra. Y lo vimos también en el Metro de Bogotá: el financiamiento multilateral abarata la tasa y encarece la gestión, y las dos cosas son costo.
En obras chicas el mecanismo es el mismo con otra escala: el desfase entre lo que se gasta y lo que se cobra es capital inmovilizado. Certificaciones a 60 o 90 días, acopios pagados por adelantado y retenciones de garantía son, todos, financiamiento que alguien pone.
Cómo se anticipa: armar el flujo de fondos junto con el presupuesto, no después. Un presupuesto sin curva de inversión y sin plazos de cobro está incompleto, por más preciso que sea el cómputo.

La lección transversal: lo que sube no es lo que pesa
Si hay una idea que atraviesa las cinco, es esta: el ranking de variaciones y el ranking de impacto son dos listas distintas, y casi nunca coinciden.
En julio, los ítems que encabezaron las subas fueron vidrios (3,6%) y movimiento de tierra (3,0%). Juntos son el 2,2% del costo de una obra. Mientras tanto, estructura y albañilería —que suman 48,8% del presupuesto— subieron 2,2%, en línea con el índice.
Un titular que diga “los vidrios lideraron los aumentos” es cierto y, al mismo tiempo, irrelevante para el costo de su obra.

Cinco conclusiones para decidir
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Proyecte la mano de obra con el calendario de paritaria, no con una tasa pareja. Es la partida más grande y la que más se desvía cuando se indexa por inflación general.
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Separe asalariados de subcontratos en el modelo. Se mueven distinto y con rezagos distintos; tratarlos como una sola variable es lo que sorprende justo en terminaciones.
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Ponga contingencia explícita en movimiento de suelos. Es la única partida cuyo alcance no se conoce hasta ejecutarla: la contingencia general no alcanza para cubrirla.
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Calcule la incidencia real de equipos en su obra. El 8,4% de tabla no describe a una obra con excavación intensiva, transporte interno o andamiaje.
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Presupueste el flujo de fondos junto con el costo. El financiamiento no está en el cómputo y, en obras grandes, es la partida que más plata mueve.
Lo que viene
La semana próxima seguimos con las series de coyuntura y con más análisis de proyectos. El ISAC de julio sale el 8 de septiembre —cuarta entrega del mapa de insumos— y el ICC de agosto el 16, cuando veremos si la brecha entre mano de obra y materiales supera los doce puntos.
Fuentes
- INDEC — Índice del costo de la construcción (ICC), julio 2026
- PresconIA — La brecha ya es de 10,6 puntos: el ICC de julio
- PresconIA — Por qué el material está barato (y cuánto puede durar)
- PresconIA — ¿Cuánto cuesta construir en 2026? El m² rubro por rubro
- PresconIA — Represas de Santa Cruz: 13 años y el sobrecosto explicado