Dos índices, el mismo mes, dos números distintos
CAMARCO dice 17,0% y el INDEC 19,2% para el mismo julio. Ninguno se equivoca: miden obras distintas. Cómo elegir el índice correcto para cada decisión.
Cuando dos fuentes serias dicen cosas distintas
Julio de 2026 tiene dos cifras oficiales de costo de la construcción, y no coinciden:
| Fuente | Acumulado 2026 | Variación de julio |
|---|---|---|
| CAMARCO (edificio tipo, CABA) | 17,0% | 1,5% |
| INDEC – ICC (Gran Buenos Aires) | 19,2% | 2,1% |
Dos puntos y dos décimas de diferencia en siete meses. Sobre un presupuesto de mil millones de pesos, son veintidós millones.
La reacción habitual es preguntar cuál está bien. La pregunta correcta es otra: qué mide cada uno. Porque ninguno de los dos se equivoca — miden obras distintas, en lugares distintos, con canastas distintas. Y saber cuál corresponde a cada decisión es, literalmente, parte del oficio de presupuestar.
1. Las cuatro razones por las que difieren
Miden geografías distintas. El ICC del INDEC releva el Gran Buenos Aires: la Ciudad más los 24 partidos del conurbano. El índice de CAMARCO que se difundió corresponde a un edificio tipo en la Ciudad de Buenos Aires. Los precios de mano de obra, los fletes internos, la logística de obra y hasta la disponibilidad de cuadrillas no son iguales en Puerto Madero que en La Matanza.
Valorizan modelos de obra distintos. Esta es la diferencia más importante y la que menos se menciona. El ICC valoriza seis modelos de vivienda definidos a partir de un estudio de permisos de obra presentados entre 1988 y 1992, con base de precios 1993. Es una canasta fija, y esa fijeza es una virtud —permite comparar contra treinta años de historia— pero también significa que el edificio que el índice valoriza no es el edificio que se construye hoy.
Una obra de 2026 tiene más instalaciones eléctricas y de datos, más aislación térmica, otra carpintería, otras terminaciones y otras exigencias normativas que una de 1993. Si el mix de partidas cambió, el índice general se mueve distinto.
Ponderan distinto. En el ICC, la estructura oficial es materiales 46,0%, mano de obra 45,6% y gastos generales 8,4%. Basta que otro índice le dé un punto más a materiales —el capítulo que menos subió este año— para que su resultado general baje. La aritmética de una canasta ponderada es implacable: el resultado depende tanto de los precios como de los pesos.
Incluyen cosas distintas. El ICC tiene un capítulo de gastos generales que acumula 22,5%, el segundo que más subió. Cualquier diferencia en cómo se trate ese bloque —qué servicios entran, con qué peso— mueve el nivel general.

2. Lo que sí coinciden (y por eso importa)
Acá está el hallazgo que vuelve valioso el ejercicio. Si en lugar de mirar el nivel general miramos la apertura por capítulos, las dos fuentes cuentan exactamente la misma historia:
| Capítulo, acumulado 2026 | CAMARCO | INDEC |
|---|---|---|
| Mano de obra | +24,8% | +23,9% |
| Materiales | +13,2% | +13,3% |
| Brecha entre ambos | 11,6 pts | 10,6 pts |

Los materiales prácticamente calcan: 13,2% contra 13,3%. Y la mano de obra corre al doble en las dos mediciones, con una brecha de once puntos y medio para CAMARCO y diez y medio para el INDEC.
Esto tiene un peso metodológico que conviene subrayar. Cuando dos índices construidos con canastas, modelos y regiones diferentes llegan al mismo diagnóstico, ese diagnóstico deja de ser una característica del índice y pasa a ser un hecho del mercado. La brecha entre mano de obra y materiales —que venimos midiendo desde julio y que ya lleva cuatro lecturas— no es un artefacto del ICC. Está pasando.
La diferencia de 2,2 puntos en el nivel general es metodología. La coincidencia en la brecha es realidad.
3. Cuál usar para cada cosa
Esta es la parte práctica, y depende de para qué se necesita el número.
Para redeterminar un contrato de obra pública: el que diga el contrato, y punto. No es una elección técnica sino contractual. En obra pública nacional alcanzada por el Decreto 1.295/02, el INDEC publica específicamente los datos del ICC para esa actualización. Usar otro índice, por mejor que parezca, es incumplir.
Para proyectar una obra privada en la Ciudad: conviene el índice cuyo modelo se parezca más a lo que se está construyendo. Un edificio contemporáneo en CABA se describe mejor con un edificio tipo actual que con un modelo de 1993.
Para comparar contra la historia larga: el ICC, sin dudas. Su canasta fija con base 1993 es lo que permite mirar treinta años de serie sin cambios de metodología en el medio.
Para saber cuánto cuesta el metro cuadrado hoy: ninguno de los dos. Los índices miden variación, no nivel. Para el nivel está la serie de costo por m² del Instituto de Estadística porteño, que en junio marcó $1.549.330 el m² — y que desarmamos rubro por rubro hace unas semanas.
Y para presupuestar su obra concreta: ninguno alcanza. Un índice describe una canasta promedio. Su obra tiene una estructura propia de incidencias, y esa estructura es la que hay que indexar, partida por partida. Un índice general aplicado a una obra particular es una aproximación cómoda, no una medición.
4. Por qué esto no es una discusión académica
Un ejemplo con números redondos. Un contrato de $1.000 millones, con la estructura de ponderación del ICC:
- Indexado por el nivel general (19,2%): $192 millones de ajuste.
- Indexado por partidas reales, si la obra es intensiva en mano de obra —digamos 60% mano de obra y 40% materiales—: 0,60 × 23,9% + 0,40 × 13,3% = 19,7%, o sea $197 millones.
- La misma obra, si fuera intensiva en materiales —40% mano de obra y 60% materiales—: 0,40 × 23,9% + 0,60 × 13,3% = 17,5%, o sea $175 millones.
Veintidós millones de diferencia entre dos obras del mismo monto, con el mismo índice, solo por la composición. Ese es el orden de magnitud de lo que se juega en elegir bien.
Y es exactamente por eso que la discusión de qué índice usar no es un tecnicismo: es la diferencia entre un contrato que sostiene su ecuación económica y uno que la pierde de a poco, mes a mes, sin que nadie lo note hasta que es tarde.
5. Cinco conclusiones para decidir
-
Que dos índices difieran no significa que uno esté mal. Miden geografías, modelos y canastas distintas. Preguntar “cuál está bien” es la pregunta equivocada; la buena es “cuál se parece a mi obra”.
-
Cuando dos metodologías distintas coinciden, eso es un hecho. Materiales 13,2% y 13,3%, mano de obra 24,8% y 23,9%: la brecha está en las dos. Ya no es una lectura, es el mercado.
-
Para redeterminar, manda el contrato. El índice de la cláusula, no el que mejor le convenga a ninguna de las partes.
-
Los índices miden variación, no nivel. Para saber cuánto vale el m² hace falta otra serie. Confundirlos es un error frecuente y caro.
-
Ningún índice general describe una obra particular. Indexe por partidas con su propia estructura de incidencias: en un contrato de mil millones, la composición explica más de veinte millones de diferencia.
Lo que viene
El ISAC de julio sale el martes 8 de septiembre —tercera entrega de nuestro mapa de insumos— y el ICC de agosto el miércoles 16, junto con los precios mayoristas. Ahí vamos a ver si la brecha entre mano de obra y materiales llega a los doce puntos, y si las dos fuentes siguen coincidiendo en el diagnóstico mientras difieren en el nivel.
Fuentes
- INDEC — Índice del costo de la construcción (ICC), julio 2026
- INDEC — ICC: datos para la actualización de contratos de obra pública (Decreto 1.295/02)
- CAMARCO — Acuerdos e índices del sector
- El Cronista — El mapa del costo de la construcción: qué pesa más hoy
- PresconIA — La brecha ya es de 10,6 puntos: el ICC de julio
- PresconIA — ¿Cuánto cuesta construir en 2026? El m² rubro por rubro